viernes, 22 de junio de 2012

SOBRE EL ESCENARIO

Hoy ha sido uno de esos días especiales en los que comprendemos que el esfuerzo siempre acaba valiendo la pena.

Un año entero de preparación, ensayos, elaboración de decorados, diseño de vestuario, trabajo de vocalización, ejercicios de desinhibición, estrés, nervios, histeria, risas...

Grita más- vocaliza- no le des el culo al público- camina erguido- mastica las sílabas- no te entiendo- no se te oye-  no quiero verte a ti, quiero ver al personaje-no te rías cuando tengas que llorar-no digas ¡ay! antes de que te den el golpe-levanta la espada-gira siempre hacia la derecha-sigue el ritmo de la música-silencio en el público-necesito que des un salto y que el público se asuste-quiero que consigas que el público llore contigo-quieggo que hables como un peggo fggancés-más despacio-no te salgas de la marca del foco-habla bajo el micro ...

Estoy segura de que mis alumnos recordarán durante mucho tiempo todo este código teatrero y lo harán con una sonrisa y sabiendo que han superado todas las expectativas de su profe (que ya eran muchas), que han hecho llorar a mares a sus familias que no salían de su asombro y que durante una hora, han generado un  espectáculo verdaderamente increíble.

Atrás quedan los nervios y los obstáculos encontrados en el camino.La incertidumbre de no saber un día antes del estreno ni como se conectaban los focos, la inseguridad de un escenario que dos días antes aun carecía de telones y bambalinas. La capacidad de adaptación y superación de los inconvenientes de un modo extraordinariamente inteligente, sobre todo por parte de ellos ... La absoluta, la más maravillosa, increíble y absoluta confianza en que si la profe decía que saldría bien, saldría bien.

Siempre supe y dije que los niños nos dan lecciones cada día y que enseñar tiene su contrapartida, su recompensa y hoy más que nunca, mis niños han estado muy por encima de su profe nerviosa, torpe, temblorosa, y despistada.

No hubo ni un fallo, ni un descuido.Todos como uno solo, pendientes ,cada uno de ellos, de todos, mostrando una calidad humana que ya desearían muchos actores profesionales.

Mis niños me sorprendieron al final, tras los aplausos y los bravos, con unas palabras y un ramo de rosas y el reconocimiento a mi trabajo como profe durante dos años con ellos.(más tarde supe que no había sido ni siquiera sugerencia de ningún adulto, sino idea únicamente de ellos, lo cual me emocionó todavía más). A mi me sobraron lágrimas y me  faltaron palabras para expresar mi agradecimiento y mi admiración más sincera hacia ellos.



Si, ciertamente, hoy ha sido un día de esos especiales en los que confirmamos que el esfuerzo siempre acaba valiendo la pena.

1 comentario:

Case_ dijo...

Las profes nerviosas, torpes, temblorosas y despistadas suelen ser las mejores. Indica en ellas una grado de humanidad e implicación en su trabajo que para mi quisiera cuando era un alumnillo de cole o para mis hijos.
Y es que enseñar a unos niños no es sólo llenarles la cabeza de enciclopédicos saberes sino también sacar hacia afuera lo mejor de ellos mismos. Ya sea el teatro, la lectura, el implicarlos en una tarea, cualquier forma de arte o la algoritmia... El orgullo de esos chicos por haber dado lo mejor de si mismos, delante de sus padres y de la profe que ha confiado en ellos, no tiene precio.
Calenda, añade una rosa más al ramo: La mía.