domingo, 12 de julio de 2009

REFLEXIONES TONTAS EN VACACIONES (2)


Hace un par de días asistí como testigo a un hecho que, por más trivial que a alguno le parezca,me ha hecho reflexionar mucho sobre el mundo de los adultos y el mundo de los niños y los jóvenes.

A media mañana del viernes mi hija, que había salido temprano con una amiga que había venido del pueblo vecino a pasar el día, me llamó por telefono. Estaban abajo, en el jardín al que da mi casa, habían encontrado una perrita que parecía tener una pata rota y sangraba por la otra, seguramente a causa de un atropello, tenía todas las trazas de estar preñada y se había refugiado del sol aplastante en una pequeña zona de sombra bajo un coche.

Las niñas no sabían que hacer, pero muertas de pena no se atrevían a dejarla allí, tirada y en ese estado, así que empezaron a llamar a los amigos.
Uno de ellos hizo una llamada a la protectora de animales y tras explicarles le prometieron que irían en breve a recogerla.
Había pasado más de una hora y nadie había dado señales de vida.

Cerca del mediodía, bajé a hacer unas compras y allí me encontré a la pobre cadeliña, asustada, que solo se dejaba tocar por mi hija y su amiga y que se encogía de miedo ante cualquier otra presencia.
Al lado, un envase de comida para perros que un crío se había apresurado a comprarle y que el animalito, en su estado, ni había llegado a tocar.

Yo comenté la idea de llamar a protección civil, puesto que ellos deberían saber lo que hacer en estos casos y mi hija me recordaba que unos meses atrás ella y sus amigos habían encontrado una cría de Cormorán(especie protegida), herida y tras horas de esperar a que viniesen de la protectora a recogerla, les había quedado la sensación y la duda, por la actitud de los que vinieron, sobre si, dando la vuelta a la esquina, se habrían librado de ella arrojándola al mar o a un contenedor de basura.

Entonces volvió el crío que había comprado la comida, esta vez en bicicleta. Había ido a dos de las tiendas de animales que había en la zona, a menos de 100 metros cada una y en ambas habían escurrido el bulto. En una con un "ya iremos por allí si podemos" y en otra con un "no es cosa nuestra".
Cuando le comentamos lo de llamar a protección civil sonrió. Se había anticipado y ya lo había hecho él. Le habían respondido que en breve enviarían a la policía.

El resto de la historia la conozco por lo que me contaron una hora más tarde, cuando las dos niñas subieron a comer.
Había llegado un policía con aspecto desganado. Había echado un vistazo alrededor y contemplando el numerosísimo grupo de niños de todas las edades que se habían congregado alrededor de la perrita, miró a mi hija y a su amiga con cara de "hay que ver la que habeis armado y a ver como me las apaño ahora para, delante de tanto testigo, resolver el asunto sin que se note que no tengo pensado mover un dedo"

Dando unos cuantos rodeos les indicó que no podía hacer nada y que a eso de la media tarde volverían por allí para ver como iba la cosa.
Supongo que para certificar la muerte del animal, pensaron ellas.

No volví a preguntarles. No quería hurgar en la herida de la impotencia, ni hacerlas sentir esa mezcla, por otra parte tan inmerecida, de culpabilidad y pena por no haber podido hacer más. No les correspondía a ellas ni al resto de los niños asumirla.
Horas más tarde supe que al cabo de un rato de irse la policía, la protectora, receptora de la primera llamada, había por fin aparecido y se había llevado al animal.

Solo me pregunto desde entonces, si nuestros hijos, a los que a veces calificamos de materialistas, de exentos de sentimientos de compasión y generosidad, no serán en realidad los receptores de un mal ejemplo por parte de los adultos que con nuestra falta de humanidad les estamos educando en el egoísmo y la falta de compromiso con lo que nos rodea.

Dos veterinarios que se supone que, como los médicos, deberían mostrar sensibilidad ante un animal herido y que por el contrario han pasado rotundamente de unos niños que obviamente no iban a pagarles por el servicio.

Una policía local, más preocupada de poner multas y regular el tráfico que en compartir con generosidad las inquietudes de un grupo de chicos con conciencia humanitaria.

Mal ejemplo para nuestros hijos.
Luego, nos quejaremos.
Los niños, testigos del hecho, seguramente reaccionarán de modos distintos.
Algunos se volverán escépticos con respecto a los adultos, otros quizás,formulen en sus inocentes cabecitas infantiles intenciones de no permitir que esto pase cuando sean mayores.

Iba a añadir que otros olvidarán el asunto, pero no, estoy segura de que por más que la "play" ,la playa, el ordenador o la tele hayan ocupado su atención en el resto del día, la falta de humanidad siempre deja oscuras huellas en nuestra mente.
Un abrazo.

6 comentarios:

Arena dijo...

Totalmente de acuerdo contigo.

Un abrazo

Logio dijo...

Has hecho bien en contarlo a ver si llega a oidos de alguien.

Laia dijo...

Y vaya mal rato que pasé!

Que sorpresa que lo contases , y para que luego digas que somos mounstruitos jajaja.

Opaito dijo...

Probablemente seria abandonada por vacaciones, es lo que hacen muchos.

Lo malo es que en la perrera si no reclaman al animal al cabo de unos meses le dan la inyeccción y por desgracia acaban con ella.

Estoy de acuerdo que hay que denunciar estas cosas.

Un besito

senovilla dijo...

Querida amiga, nuestros hijos aprenden lo que les mostramos, en nuestro hogar e intentamos inculcarles todos los máximos valores morales posibles para que se queden con alguno cuando sean hombres o mujeres, pero nuestra sociedad, que pena, hace mucho que perdió estos valores y no pueden enseñar absolutamente nada, bueno miento, pueden enseñar lo que es la frustación.
Leyendo tu historia o viviendo personalmente alguna parecida con mis peques, compruebo que los niños tienen un corazón limpio, son muy sensibles y sensatos es más muy conscientes de lo que es la vida y posiblemente la muerte.
Lo malo de lo ocurrido es que es una lección insana para ellos pues la sociedad es cruel, lo bueno es que todos aprendemos algo aunque nos sepa a poco.

Un abrazo sanferminero.

Aspective dijo...

Los niños puede que hayan aprendido alguna lección.
Labor tuya es modelar este aprendizaje para saquen buenas conclusiones sobre la naturaleza humana y aprendan de ello