domingo, 8 de marzo de 2009

Una deuda pendiente con el Universo

Quizás pasando el tiempo,

el tiempo nos detenga.

Nos venza inexorable.

Nos gane la batalla que nunca hemos librado…

Quizás nuestro mañana no perdone al presente

Y nos pase la cuenta.

Nos condene al recuerdo no haber sido valientes…


Siempre he pensado que un papel en blanco es lo más excitante que hay... para pintar, para escribir... para acariciar y notar su textura. Me gustan las texturas bastas del papel artesano. Incitan a tocarlo con las yemas de los dedos, empujan a crear, a llenar de garabatos de esos que parecen no tener sentido pero que al final son lo más significativo y más manifiesto de nuestro interior y de nuestras compulsiones.


Me gusta el papel satinado, las hojas blancas , inmaculadas y notar como la tinta brillante, intensa, del pilot se desliza al mismo ritmo de las ideas... despacio, cuando van despacio, deprisa cuando salen a borbotones.

Toda mi vida interior ha transcurrido alrededor de una hoja en blanco, la palabra escrita, que siempre me ha servido para sublimar el dolor, para expresar mis adentros. Un papel en blanco es como una historia que comienza, potencialmente ilimitada…


Me he sentado aquí, para poner en limpio un poema, garabateado como siempre en un papel y se me ha ido la mente por otros caminos… por el camino de tu recuerdo...


No todas las personas son especiales. Me refiero a ser intrínsecamente especial, a tener calidad humana y ser capaz de comunicarla, compartirla, transmitirla dejando huella en los demás. Ya se que, como dice el refrán, “siempre hay un roto para un descosido”, y que todas las personas, son especiales según para quien, pero si hacemos una pequeña reflexión veremos que algunas pasan por nuestro lado sin dejar rastro y otras en cambio dejan señales que reconocemos durante el resto de nuestra vida.

Personas que nos permiten a través de su contacto, percibir, atisbar parte de su mundo interior, que de otro modo, estaría fuera de nuestro alcance. Esa es la magia de las personas especiales.


Muchas veces a lo largo de estos años he pensado en ti como una de esas personas, con unas cualidades humanas fuera de lo común, que me ha permitido asentar durante el resto de mi vida, los conceptos más básicos sobre la amistad.

Creo que existen vínculos imborrables que perduran entre las personas, no siempre recíprocos ni en la misma medida, claro está, pero si permanentes.


Muchas veces a lo largo de estos 25 años en que no hemos tenido contacto he pensado y deseado compartir largas conversaciones contigo. No hablo de nostalgia ni de recordar el pasado. Cada uno de los dos ha tomado su camino y bien tomado está.

Nuestra distancia en tantos años no ha sido un accidente ni culpa del destino, ni consecuencia de la buena o mala suerte. Ha sido una divergencia razonablemente lógica.

La última vez que compartimos café y conversación nos contamos nuestros planes, nos felicitamos mutuamente por ellos y nos despedimos con un abrazo fuerte y lleno de buenos deseos.


Tu ya eras maduro cuando te conocí, yo he madurado con el tiempo y solamente con el tiempo he podido reflexionar y valorar lo que de especial tenías como persona y la influencia que eso tuvo sobre mi modo de ver la vida en muchos aspectos.

Seguramente tu no eres consciente ni aun ahora de lo que digo ni comprendes hasta que punto, el contacto de una niña inmadura e inconsciente como yo con alguien como tú, en un momento tan crucial de mi vida, ha sido tan determinante. Es por eso que durante años, pensándolo, me sentía en deuda y pensaba que algún día, quizás, la vida me daría la oportunidad de hacértelo saber.


Seguramente te reirías si te cuento que durante muchos años he tenido pesadillas contigo.

Con el tiempo he comprobado que era un mecanismo primario y elemental de asociación. Siempre habías sido mi hombro de llorar en mis malos momentos y la única persona por entonces, en la que podía confiar y a la que podía contar mis penas, por eso muchas veces, cuando me encontraba mal soñaba que intentaba llamarte por teléfono y la pesadilla era repetitiva y angustiosa. Me iba a un bar, sola, me situaba en la barra y buscaba la guía telefónica para localizar el número.

Estaba sola por que era consciente de que debía ocultar el hecho de llamarte y me preocupaba alarmar a quien cogiese el teléfono, de provocar una situación confusa en tu familia. Una vez decidida y con el número en mi cabeza empezaba a marcar y el teléfono se descomponía en pedazos en mis manos, o se borraban los números en la rueda y debía marcar de memoria, siempre me perdía por la mitad del proceso y no era capaz de efectuar la llamada. Era realmente desesperante. Me despertaba siempre muy angustiada y preocupada por algo que parecía tener visos obsesivos.

Mis pesadillas desaparecieron el mismo día que,sin pensarlo dos veces, te llamé,me respondiste con la lógica sorpresa de quien habla con alguien tras tantos años. Intercambiamos pocas frases sobre el transcurrir de nuestras vidas, las suficientes como para saber que seguías ahí,que eras feliz y que no había desaparecido tu cariño y tu amistad hacia mi.


Te cuento esto para que entiendas que ese intento de retomar contacto contigo ha tenido una razón de ser, en parte lógica o en parte compulsiva, pero en todo caso, no ha sido esporádico ni propiciado por circunstancias adversas ni por ataques de nostalgia, ni ninguna otra razón extraña. De alguna manera yo he seguido en contacto, incluso de modo unilateral contigo.


Me decías siempre… NO TE RINDAS… nunca lo he hecho. Cuando me conociste era insegura y dependía de lo que de mi opinasen las personas que me rodeaban.

Recuerdas que un día me pusiste al volante del Anastasio y me indicaste como encender y arrancar? Por entonces yo me sentía incapaz de controlar una máquina como aquella y desistí. Años después he recordado muchas veces ese momento a medida que he ido consiguiendo objetivos, e iba dedicándote, en mi intimidad, mi carrera, mi oposicion, mi carnet de conducir, mi primera obra de teatro, mi primer cuadro… y pensaba…te imaginaba sonriendo… como se que sonreirías si leyeras esto. Como te preguntarías a que viene todo este discurso que más bien parece un homenaje que otra cosa.

Por eso, y aunque sea a través de un blog que tu no leerás jamás necesito decirte lo que me he guardado durante tanto tiempo, colgando siempre de reparos, miedos, e indecisiones.

Y quizás te mande esto ahora o dentro de un tiempo... como una vez hiciste tú con aquella libreta cuadriculada donde escribías cada día,solo para mi.

gracias por ti.

Un beso



5 comentarios:

Opaito dijo...

Muchas veces deseamos decir aquello que debiamos haber dicho y siembargo se quedan para siempre en el silencio, ojala que tu amigo al menos pueda leerlo algún día.

Bonitas palabras.

Beso

Aspective dijo...

Si es un relato, imaginario, está magnífico porque llega. Y mucho.
Si está inspirado "en hechos reales" creo que se lo podías hacer llegar.
Al menos a mí me gustaría.
Un abrazo

senovilla dijo...

Sin palabras, uno conoce mejor a las personas por sus escritos.

Saludos Cordiales.

silicongirl dijo...

Un escrito precioso. En mi opinión deberías hacérselo llegar a esa persona. No deberíamos guardarnos los sentimientos que nos inspiran las personas que nos rodean.
Un beso guapa

Calenda dijo...

Gracias a todos por vuestra complicidad con mi carta que es un manifiesto de amistad y gratitud.
Muchas veces, cuando mis amigos me preguntan por que tengo un concepto tan elevado de la amistad,les hago partícipes de la historia de mi "amigo de la adolescencia".Lo que recibimos es lo que damos.
La carta ya ha llegado a su destino en su momento,no podía ser menos.
Besos a todos