jueves, 18 de diciembre de 2008

MIS GARABATOS

Creía,
O quizás no era así,
Que el momento pervive,
extraño sentimiento,
Reflejado en color,
En las formas ambiguas,
En el trazo invisible que encerraban sus lienzos.
Pensaba,
O quizás no lo era,
Que el esfuerzo pausado de sus manos manchadas,
De sus dedos manchados,
Protegía el momento...
Y guardaba...
En secreto...
Un instante,
Un recuerdo,
Con sus manos,
Sus dedos,
El papel,
Los pinceles,
Expresaba sus miedos,
Reflejaba su alma,
Desnudaba su adentro en clave de misterios,
De entrelazados signos,
De apresurado intento.
Veía,
O quizás no era cierto,
La secuencia completa del papel al comienzo...
Esforzaba su mente en el intento incierto
Y siempre, al terminar,
Se sorprendía al verlo...
Era como si aquello nunca fuese obra suya,
Y es que,
Ella, en el fondo,
Nunca hubiese apreciado su extraño talento.
Había,
Quizás no se veía,
Tanto de ella en el lienzo
Que solo con mirarlo podía recordar
Cada instante vivido,
Cada intenso momento.
Cada trazo, en su mano,
Era un hondo reencuentro,
Era toda su vida,
Era ELLA ... en el tiempo...
Nadie,
Ni los más cércanos,
Entendía el proceso.
Nadie,
Ni los más clementes,
Percibió el desaliento.
Sus pobres garabatos
Pintados para ella
Mostrados ante un ciento...
Sus pobres garabatos,
Sus momentos más tristes,
Sus más tristes momentos.
Calenda

Creo que cuando era pequeña ya me gustaba pintar. Era una mala dibujante pero me fascinaba el color, las texturas. Probablemente la ausencia de un entorno que me animase a hacerlo me mantuvo ocupada en otras cosas, observando embelesada como algunos de mis amigos lo hacían y pensando que yo nunca sería capaz de algo así (a alguno le suena eso?).
Con el paso de los años me descubrí enviando a mi hijo pequeño a clases de pintura, y pensando en hacer lo mismo con el piano, entonces comprendí que estaba proyectando un deseo casi inconfesable y me apunté a clases. Mi profesor Antonio, un maestro en su estilo, al que admiro y adoro, intentó por todos los medios convertirme en una pintora al uso, pero una vez que pinté el primer paisaje de una lámina de Oregón (que jamás quise firmar), empecé a ponerle su clase patas arriba con mis gustos figurativos. Una vez me dijo que tenía que ponerme barreras y aprender de la dificultad del realismo, entonces saqué una fotografía a mi hijo, pinté un retrato realista, se lo enseñé y una vez que me dió su aprobación, le respondí -.Bien, pues ahora voy a seguir pintando lo que me de la gana.
Después de años pintando jarrones con flores , me pasé a los garabatos y a la pintura que el cuerpo y la mente me pedía a gritos. Mis garabatos, que pueden tener un aspecto puramente estético y que para mí tienen un sentido absolutamente conceptual (cada uno sabe sus cosas) y mis dibujos que me han servido para expresar e incluso para sublimar mis momentos de profunda crisis.
No pinto de un modo regular, ya he dicho que soy inconstante y desorganizada, y es que no entiendo la pintura si no es para expresar con color o formas lo que necesito decir a gritos, o en voz baja.

2 comentarios:

darkmanburt dijo...

Bueno querida amiga, eso que llamas garabatos son genialidades, alguna tengo en casa, a que si?. Esa idea tuya de color supiste transmitirmela bien y ya sabes que mi pintura es color, color y color, mas que copie o haga.
Mis dos ultimos cuadros son garabatos propios, el primero ya lo viste
el segundo te quedaras muerta
es todo un esperpento, pero es una cara, demicoco, jajaja.

Un beso

Calenda dijo...

Una de las satisfacciones que me ha dado la pintura ha sido contagiar a alguien como tú, Darkmanburt.Solo por eso, algunas cosas ya merecen la pena.Espero con impaciencia ese último cuadro, ya sabes que soy muy criticona pero admiro mucho tu trabajo. Un beso.