Una vez más cuento con la colaboración de mi amigo Case. En este caso se trata de la última producción de Alejandro Amenabar, Ágora. Todos hemos asistido a la enorme promoción desplegada en todos los medios sobre esta película, lo que ha generado grandes expectativas entre los amantes del buen cine histórico y de la obra de un director que ha traspasado fronteras, y de un talento incuestionable. Para los que hemos visto ya Ágora y para los que esperamos la oportunidad de verla, (entre estos últimos me incluyo) va esta entrada. Espero que os parezca tan interesante como a mi. Un saludo.
De Ágoras y el cine.
Ayer, mi hija me volvió a llevar al cine. Sabe que no me gusta nada ir solo a ver una peli y como a ambos nos gusta pagar por ver cine, o sea, verlo de estreno y en pantalla grande, pues nos fuimos a ver la última de Amenábar.
Lo cierto es que salí bastante decepcionado. Me pareció una especie de documental de un canal de Historia, tópica, maniquea y enormemente fría.
Vayamos por partes.
Conocí la figura de Hipatia gracias a uno de mis ídolos de la divulgación científica: Carl Sagan, una figura que sintetizó en su serie Cosmos el estado de la ciencia de forma asequible al espectador inteligente.
Hipatia ha sido siempre una figura para reivindicar el papel de la mujer en ciencia y filosofía y por tanto con una cierta tendencia a ser monopolizada por algunos "-ismos" o ser bandera de lo políticamente correcto.
Lo cierto es que se sabe muy poco de ella, aparte de su dedicación a la matemática, la astronomía y la filosofía neoplatónica.
No se conserva nada publicado y gracias ello, el Sr. Amenábar puede sin recato atribuirle el descubrimiento de las órbitas elípticas de los planetas (en aquella época no se conocían como tales sino como "estrellas errantes" por contraposición a las estrellas "fijas") nada menos que trece siglos antes de que Kepler, que contaba con instrumentos ópticos y con los datos del desnarigado Tycho Brahe, publicase la tres famosas Leyes de Kepler.
Entonces yo me pregunto, si en aras del interés cinematográfico nos cargamos la historia, si no citamos que Hipatia estuvo casada, que sin embargo permaneció virgen, no le aclaramos al espectador que la Gran Biblioteca Ptolemaica de Alejandría no es la misma que el Serapeum, que fueron destruidos de forma diferente en dos momentos separados de la historia, que Hipatia enseñaba en su casa a grupos de la élite Alejandrina.... ¿Por qué el Sr. Amenábar nos niega la pasión y nos presenta a un personaje abstraído, encerrado en sus pensamientos, distante, por veces infantil, y en vez de resaltar la figura de una mujer extraordinaria, nos hace un documental corto y sesgado sobre un momento complicadísimo de la historia que no admite un análisis simplista?
Sr. Amenábar, a su Hipatia le falta garra y trapío.
Se ilusiona con su ciencia, pero no se apasiona con ella.
Tómese usted alguna licencia más y haga que sus espectadores salgan del cine con el corazón latiendo fuerte.
¡Menos mal que eligió a una morena, solo nos faltaba otra vez a una Nicole Kidman-Barbie hierática y fría!
Y la figura del esclavo liberto, es completamente ambigua. No se adivina lo que siente y se debate entre la personal interpretacion del espectador y una sucesion de hechos que parecen superarle. Sus cambios de postura son sorprendentes por imprevisibles. Y además, ocurre en varios momentos de la película. No se sabe si va o si viene.... ¿Será un esclavo de la Gallaetia romana?
Lo de maniquea, entre mis calificativos, se debe a que, lo de poner a unos cristianos malísimos como destructores de todo lo clásico, cae, como poco en la exageración.
El cristianismo de la época se labró a "mano alzada". Se caía en la ortodoxia o en la herejía en función de una votación en alguno de aquellos oscuros concilios de Nicea, Costantinopla, Éfeso, Calcedonia... Por el camino cayeron los nestorianos, macedonianos, eunomianos etc.
Precisamente en esta época el Platonismo se utiliza como esqueleto para rellenar de filosofía a la naciente Iglesia y el cristianismo pierde su trasfondo judío y tal vez incluso esenio.
Resulta difícil de creer esa especie de Teocracia de "San" Cirilo, con absoluto control del populacho en una Alejandría que era crisol de culturas, donde se mezclan la identidad griega con la egipcia (El propio Serapis era un dios de síntesis), judaísmo, cristianismo y el propio imperio romano. En todas partes cuecen habas.
Un último detalle: la aparición en la película de una reproducción de la famosa Loba Capitolina. Un símbolo de Roma que consta de una estatua de loba de origen Etrusco (hay quien dice que es una reproducción medieval de una escultura etrusca) y con Rómulo y Remo que fueron añadidos en pleno Renacimiento. Claro que si Hipatia se sabe las leyes de Kepler...
¿Acaso no podría tener también una máquina del tiempo?
Un saludo, Case.
Ayer, mi hija me volvió a llevar al cine. Sabe que no me gusta nada ir solo a ver una peli y como a ambos nos gusta pagar por ver cine, o sea, verlo de estreno y en pantalla grande, pues nos fuimos a ver la última de Amenábar.
Lo cierto es que salí bastante decepcionado. Me pareció una especie de documental de un canal de Historia, tópica, maniquea y enormemente fría.
Vayamos por partes.
Conocí la figura de Hipatia gracias a uno de mis ídolos de la divulgación científica: Carl Sagan, una figura que sintetizó en su serie Cosmos el estado de la ciencia de forma asequible al espectador inteligente.
Hipatia ha sido siempre una figura para reivindicar el papel de la mujer en ciencia y filosofía y por tanto con una cierta tendencia a ser monopolizada por algunos "-ismos" o ser bandera de lo políticamente correcto.
Lo cierto es que se sabe muy poco de ella, aparte de su dedicación a la matemática, la astronomía y la filosofía neoplatónica.
No se conserva nada publicado y gracias ello, el Sr. Amenábar puede sin recato atribuirle el descubrimiento de las órbitas elípticas de los planetas (en aquella época no se conocían como tales sino como "estrellas errantes" por contraposición a las estrellas "fijas") nada menos que trece siglos antes de que Kepler, que contaba con instrumentos ópticos y con los datos del desnarigado Tycho Brahe, publicase la tres famosas Leyes de Kepler.
Entonces yo me pregunto, si en aras del interés cinematográfico nos cargamos la historia, si no citamos que Hipatia estuvo casada, que sin embargo permaneció virgen, no le aclaramos al espectador que la Gran Biblioteca Ptolemaica de Alejandría no es la misma que el Serapeum, que fueron destruidos de forma diferente en dos momentos separados de la historia, que Hipatia enseñaba en su casa a grupos de la élite Alejandrina.... ¿Por qué el Sr. Amenábar nos niega la pasión y nos presenta a un personaje abstraído, encerrado en sus pensamientos, distante, por veces infantil, y en vez de resaltar la figura de una mujer extraordinaria, nos hace un documental corto y sesgado sobre un momento complicadísimo de la historia que no admite un análisis simplista?
Sr. Amenábar, a su Hipatia le falta garra y trapío.
Se ilusiona con su ciencia, pero no se apasiona con ella.
Tómese usted alguna licencia más y haga que sus espectadores salgan del cine con el corazón latiendo fuerte.
¡Menos mal que eligió a una morena, solo nos faltaba otra vez a una Nicole Kidman-Barbie hierática y fría!
Y la figura del esclavo liberto, es completamente ambigua. No se adivina lo que siente y se debate entre la personal interpretacion del espectador y una sucesion de hechos que parecen superarle. Sus cambios de postura son sorprendentes por imprevisibles. Y además, ocurre en varios momentos de la película. No se sabe si va o si viene.... ¿Será un esclavo de la Gallaetia romana?
Lo de maniquea, entre mis calificativos, se debe a que, lo de poner a unos cristianos malísimos como destructores de todo lo clásico, cae, como poco en la exageración.
El cristianismo de la época se labró a "mano alzada". Se caía en la ortodoxia o en la herejía en función de una votación en alguno de aquellos oscuros concilios de Nicea, Costantinopla, Éfeso, Calcedonia... Por el camino cayeron los nestorianos, macedonianos, eunomianos etc.
Precisamente en esta época el Platonismo se utiliza como esqueleto para rellenar de filosofía a la naciente Iglesia y el cristianismo pierde su trasfondo judío y tal vez incluso esenio.
Resulta difícil de creer esa especie de Teocracia de "San" Cirilo, con absoluto control del populacho en una Alejandría que era crisol de culturas, donde se mezclan la identidad griega con la egipcia (El propio Serapis era un dios de síntesis), judaísmo, cristianismo y el propio imperio romano. En todas partes cuecen habas.
Un último detalle: la aparición en la película de una reproducción de la famosa Loba Capitolina. Un símbolo de Roma que consta de una estatua de loba de origen Etrusco (hay quien dice que es una reproducción medieval de una escultura etrusca) y con Rómulo y Remo que fueron añadidos en pleno Renacimiento. Claro que si Hipatia se sabe las leyes de Kepler...
¿Acaso no podría tener también una máquina del tiempo?
Un saludo, Case.

