jueves, 23 de mayo de 2013

Hay días



Hay días en los que parece que nada ha cambiado.Que todo sigue siendo como antes, incluído lo que antes nos parecía terrible y que ahora se nos antoja tan trivial.
Hay amaneceres en los que el sol nos recibe y por un instante creemos que todo permanece en orden e iniciamos esa rutina, a veces tan reconfortante e incluso estimulante, de ordenar en nuestra cabeza todas las actividades que nos convierten en seres especiales y creativos.
Luego, de pronto, un “algo”, un gesto, una canción en la radio de nuestro coche, desencadena la tormenta, los recuerdos que nos devuelven a épocas casi remotas de la niñez, y entonces, aprovechando el privilegio de la soledad, nos permitirnos llorar sin contenernos.
A veces llorar ayuda, nos alivia, nos reduce la presión..
Y sabemos que llorar es bueno, que acorta el tiempo de duelo.
Sabemos que compadecernos por un instante de nosotros mismos es, en cierto modo, como ese abrazo que solo siendo de nosotros mismos, es verdaderamente sincero.
Hay días en que no comprendemos por qué el mundo no se derrumba para todos.
Que no concebimos que el resto del universo siga girando como si nada.
Que el mundanal ruído que nos rodea, no se convierta en un absoluto silencio, muestra del respeto que reclamamos.
A lo largo de nuestra vida, hemos sentido en muchas ocasiones, la tristeza del abandono por parte de aquellos que considerabamos erróneamente imprescindibles, y de pronto, en esos días, en esos momentos, con el “algo”, el gesto, la canción en nuestra radio, con los recuerdos antiguos , con las lágrimas y la autocompasión, se produce un extraño instante de lucidez y comprendemos que no todos aquellos que creíamos importantes en nuestra vida, lo eran de verdad , que todo aquello no era mas que trivialidad y baratija y  que solo los verdaderamente importantes, cuando se van, son los que nos dan la auténtica dimensión de la soledad.
 
 Después volvemos a nuestra rutina, nos secamos las lágrimas y buscamos la sonrisa de los que nos rodean para poder sonreír de nuevo.
Y es que los que seguimos aquí, estamos justamente para eso, para seguir.

domingo, 22 de julio de 2012

APATEANDO LA CIUDAD



Diez de la mañana y mi cuerpo, inexplicablemente, me pide guerra.

Hace días que he empezado mi puesta a punto, con la firme decisión, esta vez si, de perder unos kilos. Dentro de cuatro meses hay que estrenar obra y hacer de la Piaf requiere perder peso o resultar patética.

Diez de la mañana y única alternativa para no echarme atrás, vestirme rapidísimamente, calzarme en firme, tomar un café de pie y salir corriendo.
Al abrir la puerta para salir un susurro desde la habitación de mi hija.
-mamá a donde vas?
-a patear
-estás loca …

En la calle ya un poco de calorcito y sol. Aprovecho las rutas sombrías de camino al paseo.
El pueblo, desierto; apenas alguien paseando al perro o de vuelta de la Maricola con los cruasanes para el desayuno.

Coroso está más poblado, el paseo se ha convertido en el paradigma de los que hacen ejercicio y a pesar de mi teoría de que pasear por allí engorda, (no hay más que fijarse en que todos los que te rodean están sobrados de kilos), no queda otra.

Me sorprende el placer inmenso del silencio, remezclado con el aire fresco del mar, pese al sol, el olor a algas y salitre, y algún que otro chillido de gaviotas.

Casi todos los que se cruzan en mi camino van equipados de pinganillo y música y me pregunto como pueden desperdiciar la ocasión de ese silencio que te proporciona la oportunidad de conectar con tus propios pensamientos. Será que cuando una ya está tan acostumbrada a oir música a todas horas, agradece mucho más concentrarse en el sonido de la propia respiración, del latido de tu corazón, de la voz de tu cerebro, repasando y a la vez resolviendo con una extraordinaria fluidez los problemas que horas antes parecían inabordables.

En la playa, tumbados sobre la arena, tapados con sacos de dormir, grupos de dorneiros, recuperándose de una noche de jran premio do certamen de cansión de tasca …

Media hora a paso fuerte y el sudor asoma , me refresca, se convierte en un perfecto lubricante para mis piernas, mis pies que piden más y que parecen volar.
Me cruzo con una chica que lleva el pelo recogido y echo de menos algo que sujete el mio alborotado, pero pienso al notarlo pegándose a mi cara sudorosa, seguro que hasta resulto sexi y me sonrío.

En mi recorrido algunos grupos de jubilados despotricando contra el gobierno y la bajada de las pensiones y vuelvo a sonreírme y recuerdo  las palabras de la Fabra en el parlamento…¿no sois vosotros quienes lo habeis votado? Pues…

Ya de vuelta, cruzando la ciudad hacia mi casa, compruebo lo que me decía Humberto, mi amigo, entrenador personal y promotor de mi nueva aficción deportiva, cada día costará menos y se te hará poco.

Paso por delante de la marquesina del autobús y veo a un superviviente de la noche tumbado “de esa maneira” sobre el banco, rodeado de cinco chicas que le cantan a coro con una entonación tan perfecta que parece profesional, “lindo Gatiiiito , parece una bola de pieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel “

Cuando entro en casa, podría freirse un huevo sobre mi cara. Necesito al menos un rato para  desprenderme de mi ropa mojada y meterme en la ducha. Mis endorfinas están disparadas y mi estado de ánimo en el punto más alto.
Claro que podía humberto, pero gracias por habérmelo recordado.

domingo, 8 de julio de 2012

ARCILLA POLIMÉRICA























Todo empezó hace un par de meses cuando una amiga me comentó que su niña de once años se entretenía haciendo llaveritos y cosas con Fimo. Entonces me dije, tengo que probarlo.



El fimo es una arcilla polimérica con un aspecto muy parecido a la plastilina, pero mas duro y plasticoso.



Con él se pueden mezclar colores, modelar, hacer todo tipo de trabajos creativos y una vez cocido al horno, lijado y barnizado adquiere un dureza y un aspecto espectacular.



Lo que más me fascinó de ello fueron las "murrinas" o barritas que se configuran de un modo muy laborioso pero que dan como resultado una especie de 3D que se puede cortar en rebanadas como el pan bimbo.




Y... una vez me hube estudiado a fondo todos los vídeos del Youtube sobre el tema, me puse a ello.



El resultado... pues ahí lo teneis.


Ahora me pregunto que voy a hacer con todo esto...aparte de regalar a mis amigos llaveros, colgantes o lo que sea, pero en todo caso he disfrutado como una loca haciéndolo y he aprendido muchísimo, que al fin y al cabo era de lo que se trataba.


































Calenda.